jueves, 2 de enero de 2014

Informe de Navidad


Familia van Snow en 1969; los años felices.
(Foto de estudio cedida por Kompositt-Bilde)

Norskkurs Magazine, Oslo, 27 de diciembre de 1973.

Fredrik van Snow, de profesión escaparatista, 42 años, casado y con un hijo de 7, cayó muerto en medio del amplio salón de su 4º piso de la calle Karl Johans Gate, en el populoso centro de Oslo, a las 12:15 del 25 de diciembre de 1973, tras recibir 37 veces (en menos de 5 horas) el “feliz y próspero año nuevo” (en su original: “god jul og godt nyttar”). De su boca, desmesuradamente abierta, salía una viscosa oruga beige de espuma que apenas empezaba a absorber la alfombra, sobre la cual reposaba el cuerpo sin vida de Fredrik, cuando fue descubierto por una horrorizada Dorothea van Snow, la joven esposa y madre que no entendía -aún pasadas las horas- qué había podido suceder, “¡precisamente ahora, en plenas fiestas!” (…)


Fredrik van Snow, en su época universitaria.
(Foto de archivo)

El informe policial completo, del que hemos extraído este jugoso parcial, ha llegado en junio de 2013 a manos de un grupo de inquietos científicos letones, que pronto estarán en condiciones de afirmar, según explica para este medio Leonid Karspesntein, representante legal del equipo de investigación, “que las felicitaciones de navidad sobreexplotadas y reincidentes, podrían ocasionar y ocasionan, severos y/o letales daños en el sistema neuro cervical (cervical spine) de algunos individuos sensibles, aun previamente sanos”.

Según hemos podido confirmar por fuentes fidedignas, se recomendará a la población eviten radicalmente "expresiones saturadas de cualquier naturaleza y sean sustituidas por otras de propia creación o ajenas, en cualquier caso menos viciadas y contaminadas”, so pena de producir efectos trágicos e irreversibles sobre sus seres más queridos.

Los vecinos de los van Snow,
principales desencadenantes de los hechos.
(Foto de archivo)
Según la misma fuente, 267 casos más como el de Fredrik van Snow, han sido detectados en los países desarrollados a lo largo de la segunda mitad del siglo XX, y en franca aceleración en lo que llevamos del presente siglo XXI, confundiéndose hasta ahora con ataques de dispepsia (indigestiones en general) o infartos agudos de miocardio

Desde aquí, nuestro deseo sincero de revertir entre todos, esta siniestra marea de mortandad.



3 comentarios:

  1. Ay, me temo que estos pobres noruegos de los setenta no iban aún armados con los anticuerpos necesarios para contraer la enfermedad sin morir al poco tiempo. Para nosotros ya es tarde: la pandemia de la que hablas, si bien no nos mata, nos ha infectado a todos y cada uno de nosotros. Se hace imposible escapar hoy de Navidades blancas y viernes negros, de agradecidas cenas y Pepitos Grillo que nos dicen lo que votar, de insistentes invitaciones a firmar por la causa de turno desde la comodidad del hogar, de frikis trasnochadas recomendando películas rancias que no interesan a nadie, de la efemérides del día o de la reducción de la obra de los pensadores del pasado siglo a meras citas propias de un manual de autoayuda... y todo aderezado con el sacrosanto selfie, inequívoca prueba del avance de la enfermedad. Es más, algunos enfermos hasta disfrutamos dando forma a la entrada del día de nuestro blog. Demasiado tarde, Pedro.

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  2. Cristina, puede que todas estas cuestiones que tú agrupas en un mismo paquete, podrían ser objeto de nuevas investigaciones. Te facilito el correo de Leonid: karspnsteinstophappychristmas@gmail.com
    Pero estoy contigo, demasiado tarde y sí, yo también me siento culpable, y lo soy.

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    1. Yo soy más de la escuela de Astrid Fältskog, que además tiene whatsapp ;)

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