Y claro, la verdad podría ser otra: cuando algo te toca (dilo, te emociona) se pinta y se acabó. O se canta, qué más da.
Pero, ojo: nunca, nunca pintes marinas si quieres ser artista.
Y si lo has hecho, ¡escóndelas, destrúyelas antes de que sea tarde, aprisa!
Aquí va una, disfrutada durante el verano de 2008:
| Una marina del verano (¿cómo no?) de 2008 (aunque la firma diga 9) |
Cierto es también (¿cierto es?) que el arte se beneficia cuando la chispa se inicia desde lo feo. ¡Ay, lo feo!
La serie Por detrás de la Ciudad la perpetré sólo unos meses después de la bonita marina de más arriba. ¿Qué me dicen de este mar grasiento que malmoja nuestros muelles?
A mí me gusta casi más que la celeste.
La serie Por detrás de la Ciudad la perpetré sólo unos meses después de la bonita marina de más arriba. ¿Qué me dicen de este mar grasiento que malmoja nuestros muelles?
A mí me gusta casi más que la celeste.
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| Petróleo y grasa bajo cemento (2010) |
Y es que en arte pasa como en el viejo oficio del reparador de mecheros deshechables: desde que tengas algo claro y lo digas, te equivocas.
Pues eso, ¡a pintar marinas!
Pues eso, ¡a pintar marinas!
LezcanoJaén






















