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martes, 9 de octubre de 2018

Yo también fui hecha con polvo.


A través de la red muestro lo que hago, como el avaro suelta sus monedas. Y no es por tacañería. Desde este taller al norte de la isla redonda, construyo criaturas para tocar. Con los ojos. La fotografía es buena, pero aún sigue siendo mucho lo que se pierde.


Andamiaje casero para sentarnos "sobre su cabeza"
En marcha estaba la segunda versión de Yo también fui hecha con polvo.
(foto de Ana Lola Borreguero)

Diría que si es absurdo pintar para imitar a una fotografía,  deprimente sería que lo pintado pudiera ser perfectamente duplicado por otra.                              


Fragmento de la segunda versión de Yo también fui hecha con polvo, 280x200 cms.
La primera versión pinchar aquí.
(la foto de Manolo Morales)


¡Seguimos!

                                 
                                                                                                                                   pedrolezcanojaén

sábado, 28 de abril de 2018

¿Si es útil es feo?


Recientemente he instalado, asomando por las paredes, un humilde trío escultórico en Suites 1478 (una mano y dos cabezas, íntimamente relacionadas entre sí, como veremos) 

Todo bien, pero un vago runrún hormigueaba insistente por mi oreja izquierda: "Cuidado, estás cayendo en la pendiente del utilitarismo. Da igual cómo lo hagas, ¡si es funcional, no es arte!" 

¿Por qué les cuento esto?






Porque la mano que señala acusadora, no acusa ni señala. Dirige: ¿Los servicios, por favor? Siga el dedo de aquella mano, caballero. ¡Horror, mi mano es funcional! 

Ahora resulta que me voy a sentir aludido por las palabras siempre ácidas y poderosas de Theóphile Gautier, el hombre que prefería su zapato descosido a un verso mal rimado, que vendería su calzón por un anillo, su pan por mermelada:  

Sólo es realmente hermoso lo que no sirve para nada. Todo lo que es útil, es feo, porque es la expresión de alguna necesidad y las necesidades del hombre son ruines y desagradables, igual que su pobre y enfermiza naturaleza. El rincón más útil de una casa son las letrinas.




¡Ah, pero esto no es todo! 

Llegados a los baños, caigo en picado: no sería decoroso en estos tiempos pacatos, arriesgar a meterse uno en el de ellas o una en el de ellos. Bien avenidos sí, pero sin confianzas ni mezcolanzas indeseables. Y para eso están mis cabezas:




He tratado pues de anular el margen de error, sin bigote ni pintalabios mediante, a un nivel que apenas supere el cero. 

Eficaz y funcional, sí... ¡como las letrinas!





En fin, me alivio imaginando a la mismísima Hannah Arent rescatándome de los radicales franceses, moderando el discurso y relacionando la funcionalidad con el uso y con el desgaste (algo que en principio, no sufrirán mis piezas) 

Recupero por eso un par de párrafos de su La Crisis de la Cultura (1968):

Un objeto es cultural en función de la duración de su permanencia: su carácter duradero se opone a su aspecto funcional -ese mismo aspecto que lo haría desaparecer del mundo fenoménico a través de su uso y de su desgaste (...) La cultura se ve amenazada cuando todos los objetos del mundo producidos actualmente o en el pasado son tratados exclusivamente como funciones de los procesos sociales vitales -como si no tuvieran otra razón de existir que la de satisfacer alguna necesidad- sin importar si las necesidades en cuestión son elevadas o innobles.








jueves, 8 de marzo de 2018

La Guarida del Perro Verde


Marcos Crespo escribe, tras una visita a mi cueva junto a nuestro amigo común Salva Santana, una crónica intencionadamente florida de mis desventuras cotidianas en el taller, estudio, cueva y guarida: 

(muy agradecido por tan elegante regalo)

Uno de mis primeros autoretratos involuntarios...
¡Hasta que Laura T. García Morales se dio cuenta!

En su guarida, creada entre espacios de claroscuros y lucernarios ventilados, se hayan los retazos pincelados de las instantáneas que su mente vomita en momentos de idílico baile con la ensoñación. 

Mantiene con sus “alelíes” y “testas preñadas”, un diálogo en su propio idioma inventado. El soliloquio lo mantiene atento, concentrado. De estancia en estancia, se han ido desparramando y anidando sus criaturas, para así poder vigilar sus idas y venidas. 
Semidistraído y un poco enloquecido, deambula por la guarida armado con un pincel en cada mano. Tras la sombra de larga envergadura, los dos fieles cancerberos le hacen de ayudas de cámara. 

Tristán y Laica.
Revisan y observan cada una de sus miradas, si el Perro Verde para o se queda absorto, ellos imitan y contemplan. Si el Perro Verde reanuda su deambular, ellos retoman la guardia y le hacen de séquito. Ahora está callado, ante el inmenso lienzo donde el hada de hermosa y ligera pose, se hace enorme y se va convirtiendo en carne, cincelada cada detalle a base de brocha y pincel. Sus guardias, rata en boca, le dejan ensimismarse y reposan en sus nichos, a la espera de la siguiente ronda. 

Mientras tanto, el diálogo en las otras salas se mantiene continuo. Traviesas, las criaturas de sus creaciones, interrogan al aíre, y le piden que lleve a sus oídos, sus susurros. Y esta, obediente, enzarza en el enmarañado hilo de sus pensamientos, las conversaciones y secretos de sus habitantes bi y tri dimensionales. 



Y el Perro Verde va de sala en sala siguiendo este hilo luminoso que su mente percibe, desarrollando las historias que se le insinúan en la caverna de su mente. Las historias son hilvanadas con los pinceles y trozos de maestría, que refrena como un domador ante las fieras, para que se plieguen a sus designios… siempre en precario equilibrio con la desbordante necesidad de plasmar mil ideas en un solo lienzo. 

Pero paso a paso, como si de una guerra damérica se tratara, avanzan sus pinceles sobre el lienzo y retienen el ímpetu de sus trazos. Y poco a poco, surge de blanco manchado, una serie de filigranas y márgenes. Sobre ellos, y en primer plano, las figuras de sus ensueños, de pesadillas, de vientos internos. Los cánones se rehacen para complacer a su ojo y las manos vuelan de arriba abajo, de abajo arriba, de izquierda a derecha y vuelta arriba… y sigue en el plano en donde no hay cortapisas , no hay fines. No hay más que vértigos y sueños. Y de esta manera, tanto los cancerberos como la guardiana de la guarida, observan en silencio al Perro Verde. 

Fragmento de Los Lilim, instalado en Suites 1478 (240x150 cms) que forma parte
de las cinco grandes pinturas de nombre Fantasía y Fuga del Jardín del Edén.

De sala en sala, de obra en obra, de esquina a esquina. Le velan el ensueño creativo para rescatarle en los momentos en que las voces se hacen llenas o se desvanecen en la noche. Esos son los momentos de actuación, en que, entre abrazos, lametazos y algún que otro coscorrón, reclaman la vuelta a la realidad terrena del hado volador del pintor. Y el diálogo queda pendiente, dentro de la Guarida del Perro Verde, para un nuevo llamamiento y un nuevo sueño que entrelazar con las urdimbres del lienzo. 

                                                                               Texto de Marcos Crespo.








martes, 3 de octubre de 2017

Ese fenómeno social llamado "inauguración".


Cualquiera que se dedique a esto de hacer cositas con las manos (manos que obedecen al estómago y a otros órganos tangibles o no) es consciente de que habrá de pasar buena parte de su tiempo en soledad (falso) no mirándose el ombligo, pero casi. 


Entre paréntesis la palabra falso adelanta que podría tratarse de un truco ¡lo es! una estratagema poco sutil y bastante rebuscada para pasar una vida más y mejor acompañada. Pues, qué diablos haría yo encerrado en mi cueva si no hubiera otras personas afuera.

No soy de esos hacedores que pronuncian puño en pecho “pinto como otros respiran” o “si no pinto, muero”. ¿Pintarías tú si te encontraras como el Charlton Heston de los setenta: único hombre vivo sobre la tierra? Claro que no. ¿O sí? Yo seguro que no pintaría si me quedara solo en el mundo, no al menos durante el primer trimestre (el tiempo que me llevara saquear la sede central de Winsor & Newton y okupar el estudio de Gerhard Richter)

Uno de los resultados más obvios de la vulgar artimaña es ese fenómeno social llamado “inauguración”. La inauguración, seamos francos, es una especie de auto homenaje (como lo son también las bodas y los bautizos, los cumpleaños, las comuniones, incluso los entierros para el desconsolado más cercano) que se organiza el artista para sí mismo, aparentado cuidadosamente que son otros los que lo hacen por ti, casi sin querer uno.

Ay, pero a mí me chiflan las inauguraciones. La moral se me sube, y el vino. Ya, ya, sé que la gente miente como bellaca en esas fiestas, pero lo hacen por ti y lo agradezco igual. Es mi día, mi noche, que espere tumbada la cruda realidad (ya la despertaré mañana, si me acuerdo)

A propósito de todo esto: hace unas semanas inauguré sin inauguración unas pinturas enormes y envolventes (envolventes digo pues envuelven paredes y techos) No hubo gran noche (sniff) no corrió el vino. No he tenido que reincidir en no ponerme corbata y colorete. El fruto de mi encierro de seis meses se ha mostrado sin titulares ni bulla y… cómo lo estoy saboreando... 

El techo secundario (donde ilumina de forma incorrecta la lámpara del hall del fantástico Suites 1478) contiene cientos de dibujos a modo de libreta de bocetos (Laboratorio de Ideas, 180x240 cms) donde los elementos que pueblan el conjunto Fantasía y Fuga del Jardín del Edén lucen crudos en esbozos simples de línea, entrelazados o superpuestos con notas y dedicatorias. (foto: Manolo Morales)

La satisfacción del trabajo (¿bien?) hecho la recogeré como nísperos maduros, mayo tras mayo. Es cierta mi ventaja: la instalación no tiene prevista fecha de caducidad; incluso es previsible que ahí quede aupada sobre el espacio, más tiempo que yo sobre mis pies. Los amigos tienen una vida para avisarme que van (y lo hacen, no me quejo ni hago llamamientos) para ver juntos todo el Suites 1478, echarnos algo, vivirlo despacio, a cuentagotas. Personas a las que no conozco me escriben, comentan, dan sentido y perspectiva a lo que de la tremenda borrachera (creativa) brotó en mi cueva durante aquellos meses finales de 2016.

¿Estoy haciendo sin quererlo una apoteosis al autohomenaje continuo? ¡No, por el amor de dos, no! Más bien al contrario, trato con esta perorata de reclamar para todo currante honesto el premio sereno, proporcionado. La reflexión y la crítica ponderada. El disfrute conjunto del trabajo de todos. Eso. Afortunado me siento.

pedrolezcanojaén

El conjunto Fantasía y Fuga del Jardín del Edén está instalado en Suites 1478, en la calle Dr. Chill, nº 22. Vegueta, Gran Canaria, donde además se pueden ver obras de artistas del calibre de Manolo González, Lita Cabellut, Ana Lilia Martín, Fernando Álamo o Marina Vargas.


jueves, 24 de agosto de 2017

Fantasía y Fuga en Suites 1478


El día que no me sienta aprendiz de pintor, estaré muerto, acabado. Sorprenderme cada día es mi gasolina y la razón de que el tiempo me sea denso, se deslice y deje de volar.

Hace siete meses finalicé un proyecto inmenso. Aquel conjunto, cinco descomunales pinturas para un hall, abre sus puertas ahora, siete meses después de apilar aquellos 16 grandes paneles en el pasillo, a la espera del camión de Angelito y de la compleja instalación. 


Fue mi Fantasía y Fuga del Jardín del Edén, conjunto del que aquí muestro un botón:

Fantasía y Fuga del Jardín del Edén (2/5) 260x280 cms

Parece tanto tiempo, (me) he descubierto (aprendido) tanto desde entonces. Ahora que estoy a punto de mostrar mis nuevos descubrimientos íntimos en la Galería de Arte Magda Lázaro, abre sus puertas este maravilloso antro, Suites 1478


Entrada, hall y patio al fondo de Suites 1478

Suites 1478 es una obra de arte en su conjunto en el edificio emblemático de Miguel Martín-Fernández de la Torre, comandada por una persona que cree en la cultura, en el arte, en los referentes para una ciudad que merece algo más que mega centros comerciales, hoteles clon o acuarios megalómanos. Miguel es discreto, quiere ser invisible; no daré ni uno de sus apellidos. Él no figura ni regala sonrisas falsas, no halaga ni promete. Sueña y trabaja. 



                                                                                                                                                                      pedrolezcanojaén