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domingo, 22 de mayo de 2022

Revista de Occidente

 


Media vida tropezándome, aquí y allá, con la mítica portada de Revista de Occidente, y ahora una de mis fracciones mnémicas ocupa el centro de una de ellas. Se trata del número de mayo de 2022.

 



Dentro, acompañando el nutritivo material que desde siempre ofrece esta publicación, hay varias imágenes más, en blanco y negro, y salen de las manos del hombrecillo que suscribe. En esta entrada les muestro algunas de ellas.





 
Si no tienen cerca un kiosko que las ofrezca, en este enlace pueden adquirir la casi, casi centenaria publicación, fundada por José Ortega y Gasset en 1923:

https://ortegaygasset.edu/producto/revista-de-occidente-no-492-mayo-2022/

martes, 1 de diciembre de 2020

Aquelarre Laico, o Noche de Mi-Carême.




Pedro Lezcano Jaén. noviembre y diciembre de 2019. Mixturado técnico sobre maderas, 48x44x15 cms.

"Su llegada fue anunciada oficialmente el 29 de marzo, y como era Mi-carême, además hacía un día soleado y claro, los parisinos inundaban los bulevares con más alegría que de costumbre; se vieron máscaras burlándose del miedo al cólera y a la propia enfermedad en una caricatura deforme y descolorida. Aquella noche los bailes estaban abarrotados, las risas y la gente ahogaban la música más alta. Durante el baile del Chahut aumentó el calor, se engulleron todo tipo de helados y bebidas. De súbito, el más alegre de los arlequines sintió un escalofrío en sus piernas, se quitó la máscara y, para regocijo de los asistentes, reveló su rostro amoratado. Pronto se vio que no era broma; las risas se apagaron, se enviaron coches directamente del baile al Hôtel-Dieu, el Hospital Central, donde morían vestidos con sus trajes de carnaval. Se decía que los muertos habían sido enterrados tan rápido que ni siquiera había dado tiempo a quitarles sus disfraces de rombos; tan alegres como cuando estaban vivos, así yacen ahora en sus tumbas." 

Heinrich Heine, (1797-1856). Ich rede von der cholera: ein bericht aus Paris von 1832.





Pedro Lezcano Jaén. Desde La Noche de Mi-Carême. Grafito y otras cosas sobre grueso papel de 30x42 cms.















 

miércoles, 19 de agosto de 2020

Diario Plástico de una Pandemia.



Durante las primeras semanas de la pandemia y el encierro confitado aquel, me propusieron, desde el epicentro de la tormenta, la elaboración de una pintura que reflejara el espectáculo humano que nos disponíamos a vivir. No es ni será ese mi oficio; entretenido siempre como estoy en el limbo del tiempo -o eso quiero creer, iluso de mí-. 

Decidí entonces arrimarme a los creadores gráficos: transformé la gran tabla en una libreta de páginas desplegadas -150x200 cms. (x25, 30x40 cms.)- y empecé a rellenarlas como si de un diario de batallas se tratara. 



 

Reflejar el drama sin pasarme de dramático, satirizar sin excederme en la sátira, ilustrar sin caer en lo obvio, encriptar con metáforas descifrables... Cada celda busca su propia voz, mientras dialoga y se complica con las vecinas. A la vez, el conjunto debería funcionar como lo que es, una pintura: una simple y llana superficie bidimensional surcada de colores, de líneas y de formas.


Ahora, ya metidos en el último mes del verano del año de nuestra pandemia, toca "disfrutar", como cochinos embarrados, de la segunda parte de la pesadilla: el virus mata menos y, aunque saldremos pronto de ésta, aún nos dará el drama para otro gran multiceldas de 25 sátiras -que no haré- bien cargado de paranoia, nervios, ruina, polarización, culpa, oportunismo, bandos, odio, magia, miedo, muerte... 

Y vida, que como siempre, acabará saliendo para adelante, como hacen las cucarachas, los virus y los humanos.

Salud.





miércoles, 1 de abril de 2020

Aprendieron después a volar.

No he sido nunca hombre de caballos, ni mujer. De caballos. 
Tampoco este dibujo que empiezo terminará en caballo. 
Ni en caballa. 
La cabeza que le falta, y el pie, le robarán parte de lo que de caballo tiene, ganando en similar medida, lo que de caballero tendrá. 
Sí.




¿Lo ven? El Aprendieron después a volar acabó de esta florida manera y aunque no lo parezca, se trata de un retrato. Un retrato libre y un fragmento crucial en la biografía de Lluis, al que hace referencia este enigmático título: 


Aprendieron despúes a volar. Retrato de Lluis Serra.
120x160 cms.


pedrolezcanojaén

martes, 9 de octubre de 2018

Yo también fui hecha con polvo.


A través de la red muestro lo que hago, como el avaro suelta sus monedas. Y no es por tacañería. Desde este taller al norte de la isla redonda, construyo criaturas para tocar. Con los ojos. La fotografía es buena, pero aún sigue siendo mucho lo que se pierde.


Andamiaje casero para sentarnos "sobre su cabeza"
En marcha estaba la segunda versión de Yo también fui hecha con polvo.
(foto de Ana Lola Borreguero)

Diría que si es absurdo pintar para imitar a una fotografía,  deprimente sería que lo pintado pudiera ser perfectamente duplicado por otra.                              


Fragmento de la segunda versión de Yo también fui hecha con polvo, 280x200 cms.
La primera versión pinchar aquí.
(la foto de Manolo Morales)


¡Seguimos!

                                 
                                                                                                                                   pedrolezcanojaén

viernes, 7 de septiembre de 2018

El Aroma del Tiempo*


Me interesa la pintura asociada a la lentitud. Requiero tiempo. 
No porque me vea como uno de esos perfeccionistas suicidas, esclavo de una técnica quisquillosa. 

Lo que yo querría es engrosar la materia. Hacerlo a base de capas de tiempo. Dilatar el proceso y el aire entre las figuras. Para que me lo cuenten todo. 

Dar tiempo a que se me revelen los secretos, las mentiras. 
Y se confundan.


pedrolezcanojaén. 2018.





*El título de esta entrada lo he tomado prestado del maravilloso libro de Byung-Chul Han, El Aroma del Tiempo, 2014, editado por Herder. 

domingo, 10 de junio de 2018

Dysfunctional family on the rock


Dysfunctional family on the rock.
Técnica Mixta sobre tabla entelada. 170x200cms.
Noviembre-diciembre de 2017.


En un lugar impreciso de la gran tabla entelada, creció una mujer sin cabeza -sus piernas gustando desde el principio-. 

Carcajea ya antes de tener boca, por eso parece decapitada, más que inacabada. Nos quedamos así durante noches; finalmente, sería ella quien me lo fuera contando todo, sin boca en su cabeza de aire. 


Su abuelo, el de las tres manos -cinco, sin ojo atento; una sola, sin atención alguna; cuatro, la cifra exacta si conocemos los efectos del solapamiento- resultó ser mi tatarabuelo Jacques Fino; i
gnoro la razón por la que acabó con esa máscara sobre su frente rellena de láudano y de paja. Todos decían que la llevaba puesta el niño aupado a sus hombros, pero eso es absurdo y no les quise escuchar. 



      



Más tarde, abajo, apareció Vida, el inmortal gato muerto de mis amigos -tan breve y místico a sus cinco años- mutando en Virgen del Jilguero -composición triangular clásica- y enredado en dos pollos de pelícano, Jesús y Juan.




Madonna del cardellino, Rafael Sanzio,
hacia 1506, 107× 77cms.

Tras circulares titubeos y húmedos tormentos nocturnos, resolvimos –la chica sin cabeza y yo- recuperar a la hija de Lilith, con las obligadas alas de diabla, su cabeza preciosamente tocada de flores y la sonrisa de la chica de las piernas graciosas enredada en su pelo, a la que por cierto, acabaron por rebosarle pequeñas yemas de huevo confundidas por entre sus pezones -el rojo y el amarillo, la clara brillante, la piel casi rosada-. 


Aunque de una importancia trascendental es su presencia, no debería referir nada aquí sobre el putto con cabeza de pájaro y uñas en punta. Podría decirse que se limita a mirar la escena, pero me niego a engañar a nadie sin necesidad ni arrimarme a verdades no pertinentes. 


Sobre su pico y rodeado por un robusto marco de madera labrada, luce por su mitad inferior el Juegos de Matrimonio con Abuelo Barbado, aquella pequeña pintura que supuestamente perpetrara en 2014. 


Acaso fuera éste que sostiene el intrigante señor calvo, mi primer huevo, anterior incluso al sonado asunto Estanislao y la devenida orgía de yemas y de sangre del año siguiente en el pasillo de mi casa. 

Pero aquella fue otra historia.
                                                                                             pedrolezcanojaén

sábado, 28 de abril de 2018

¿Si es útil es feo?


Recientemente he instalado, asomando por las paredes, un humilde trío escultórico en Suites 1478 (una mano y dos cabezas, íntimamente relacionadas entre sí, como veremos) 

Todo bien, pero un vago runrún hormigueaba insistente por mi oreja izquierda: "Cuidado, estás cayendo en la pendiente del utilitarismo. Da igual cómo lo hagas, ¡si es funcional, no es arte!" 

¿Por qué les cuento esto?






Porque la mano que señala acusadora, no acusa ni señala. Dirige: ¿Los servicios, por favor? Siga el dedo de aquella mano, caballero. ¡Horror, mi mano es funcional! 

Ahora resulta que me voy a sentir aludido por las palabras siempre ácidas y poderosas de Theóphile Gautier, el hombre que prefería su zapato descosido a un verso mal rimado, que vendería su calzón por un anillo, su pan por mermelada:  

Sólo es realmente hermoso lo que no sirve para nada. Todo lo que es útil, es feo, porque es la expresión de alguna necesidad y las necesidades del hombre son ruines y desagradables, igual que su pobre y enfermiza naturaleza. El rincón más útil de una casa son las letrinas.




¡Ah, pero esto no es todo! 

Llegados a los baños, caigo en picado: no sería decoroso en estos tiempos pacatos, arriesgar a meterse uno en el de ellas o una en el de ellos. Bien avenidos sí, pero sin confianzas ni mezcolanzas indeseables. Y para eso están mis cabezas:




He tratado pues de anular el margen de error, sin bigote ni pintalabios mediante, a un nivel que apenas supere el cero. 

Eficaz y funcional, sí... ¡como las letrinas!





En fin, me alivio imaginando a la mismísima Hannah Arent rescatándome de los radicales franceses, moderando el discurso y relacionando la funcionalidad con el uso y con el desgaste (algo que en principio, no sufrirán mis piezas) 

Recupero por eso un par de párrafos de su La Crisis de la Cultura (1968):

Un objeto es cultural en función de la duración de su permanencia: su carácter duradero se opone a su aspecto funcional -ese mismo aspecto que lo haría desaparecer del mundo fenoménico a través de su uso y de su desgaste (...) La cultura se ve amenazada cuando todos los objetos del mundo producidos actualmente o en el pasado son tratados exclusivamente como funciones de los procesos sociales vitales -como si no tuvieran otra razón de existir que la de satisfacer alguna necesidad- sin importar si las necesidades en cuestión son elevadas o innobles.








jueves, 8 de marzo de 2018

La Guarida del Perro Verde


Marcos Crespo escribe, tras una visita a mi cueva junto a nuestro amigo común Salva Santana, una crónica intencionadamente florida de mis desventuras cotidianas en el taller, estudio, cueva y guarida: 

(muy agradecido por tan elegante regalo)

Uno de mis primeros autoretratos involuntarios...
¡Hasta que Laura T. García Morales se dio cuenta!

En su guarida, creada entre espacios de claroscuros y lucernarios ventilados, se hayan los retazos pincelados de las instantáneas que su mente vomita en momentos de idílico baile con la ensoñación. 

Mantiene con sus “alelíes” y “testas preñadas”, un diálogo en su propio idioma inventado. El soliloquio lo mantiene atento, concentrado. De estancia en estancia, se han ido desparramando y anidando sus criaturas, para así poder vigilar sus idas y venidas. 
Semidistraído y un poco enloquecido, deambula por la guarida armado con un pincel en cada mano. Tras la sombra de larga envergadura, los dos fieles cancerberos le hacen de ayudas de cámara. 

Tristán y Laica.
Revisan y observan cada una de sus miradas, si el Perro Verde para o se queda absorto, ellos imitan y contemplan. Si el Perro Verde reanuda su deambular, ellos retoman la guardia y le hacen de séquito. Ahora está callado, ante el inmenso lienzo donde el hada de hermosa y ligera pose, se hace enorme y se va convirtiendo en carne, cincelada cada detalle a base de brocha y pincel. Sus guardias, rata en boca, le dejan ensimismarse y reposan en sus nichos, a la espera de la siguiente ronda. 

Mientras tanto, el diálogo en las otras salas se mantiene continuo. Traviesas, las criaturas de sus creaciones, interrogan al aíre, y le piden que lleve a sus oídos, sus susurros. Y esta, obediente, enzarza en el enmarañado hilo de sus pensamientos, las conversaciones y secretos de sus habitantes bi y tri dimensionales. 



Y el Perro Verde va de sala en sala siguiendo este hilo luminoso que su mente percibe, desarrollando las historias que se le insinúan en la caverna de su mente. Las historias son hilvanadas con los pinceles y trozos de maestría, que refrena como un domador ante las fieras, para que se plieguen a sus designios… siempre en precario equilibrio con la desbordante necesidad de plasmar mil ideas en un solo lienzo. 

Pero paso a paso, como si de una guerra damérica se tratara, avanzan sus pinceles sobre el lienzo y retienen el ímpetu de sus trazos. Y poco a poco, surge de blanco manchado, una serie de filigranas y márgenes. Sobre ellos, y en primer plano, las figuras de sus ensueños, de pesadillas, de vientos internos. Los cánones se rehacen para complacer a su ojo y las manos vuelan de arriba abajo, de abajo arriba, de izquierda a derecha y vuelta arriba… y sigue en el plano en donde no hay cortapisas , no hay fines. No hay más que vértigos y sueños. Y de esta manera, tanto los cancerberos como la guardiana de la guarida, observan en silencio al Perro Verde. 

Fragmento de Los Lilim, instalado en Suites 1478 (240x150 cms) que forma parte
de las cinco grandes pinturas de nombre Fantasía y Fuga del Jardín del Edén.

De sala en sala, de obra en obra, de esquina a esquina. Le velan el ensueño creativo para rescatarle en los momentos en que las voces se hacen llenas o se desvanecen en la noche. Esos son los momentos de actuación, en que, entre abrazos, lametazos y algún que otro coscorrón, reclaman la vuelta a la realidad terrena del hado volador del pintor. Y el diálogo queda pendiente, dentro de la Guarida del Perro Verde, para un nuevo llamamiento y un nuevo sueño que entrelazar con las urdimbres del lienzo. 

                                                                               Texto de Marcos Crespo.








sábado, 4 de noviembre de 2017

Gravida Testa: mi primera serie de esculturas.



Hasta el 7 de diciembre de 2017, quedan expuestas en la Galería de Arte Magda Lázaro las siete piezas que componen Gravida Testa, incluida en De Homine Oviparo

Se trata de unas cáscaras preñadas (de su traducción del latín) de tamaño y peso natural, el de la cabeza humana. Cada una de estas cabezas asoma desde su marco en la pared, ignorantes de haber sido invadidas y de acoger en su interior unos huevos a punto de eclosionar. O ya sus polluelos, relajados en el primer sueño y arrepollinados en estos nidos intracraneales, silenciosamente colonizados:

   
Gravida Testa nº 4 y nº 6 (al fondo)                                                     foto de Manolo Morales.

(*) Y como si no tuviera bastante, ¡se me echa encima la tercera dimensión! Yo, que andaba desbarrando tan a gusto en la segunda y media. Es verdad que esta pintura mía llevaba tiempo fraguando en geografía accidentada, con sus baches y desatinos, por lo que no es extraño que ensanche ahora mi plástica a la escultura, por grande que me quede la palabra. 
Sea como fuere, aquí muestro algo de mi obra primera en materia tan dilatada. 

¡Hay que seguir!
                                                                                          
                                                                                       (*) del catálogo de De Homine Oviparo.


Gravida Testa nº 7                                              foto de Manolo Morales.


Acabo con uno de esos instantes eternos (sí, uno de esos momentos que permanecerá por ahí, flotando, por los restos, ¿no me creen?) de la inauguración del 27 de octubre. Lo encapsuló (para que yo lo libere ahora) la cámara guiada por la mirada de Paula: los enormes Efraín Pintos y Maribel Nazco se marcan un baile sin música aparente, mientras Mercedes Talavera de Paz rastrea vida ovipara en una de esas cabezas tomadas:

foto de PaulaLázaroMontelongo.

martes, 31 de enero de 2017

Fantasía y Fuga del Jardín del Edén


Hip, hip, hoy hace cinco meses que anuncié en este blog (me lo anunciaba a mí mismo en realidad, como para creérmelo) el comienzo del mayor reto pictórico de mi vida. Cinco meses, ciento cincuenta días (*) ininterrumpidos de pringue del bueno. 


Un pequeño fragmento sin acabar de los Lilim.

Ha sido un tiempo apasionante, he aprendido como un cochino joven en su primer charco y ahora estoy más guarro, fuerte, feo, mejor. ¡He terminado, que venga el siguiente!


De este pedazo de pintura esbozada en el verano, nació una idea.

Con los deberes hechos, siento el placentero mareo de haber llegado a un lugar desconocido por mí. Y es que veo las cinco gigantescas pinturas -32 metros cuadrados en total- que he perpetrado en este pedacito de vida, y tengo la inquietante sensación de que ha sido otro el hacedor de toda esta jarana de inseminaciones, ángeles caídos, demonios lenguado, cachorros de pelícano, muñecas desmembradas. 


El café y la cerveza: grandes aliados (lo de los tropezones es un asunto personal)
¡Ah, de esta fosilización casera llegó otra idea!

Aún no puedo enseñar nada, pero pronto -¿en marzo?- podremos verlo todos en el espacio para el que ha sido gestado.


(*) Si una vida es tan corta como dicen, podría asegurar que ciento cincuenta días pueden ser tan anchos como una niñez completa. Y como un verano en la infancia puede ser más largo que toda una vida, no me extrañaría que durante este tiempo me pasara como al astronauta que viajó en sueños a la velocidad de la luz, ralentizándose su tiempo mientras se embalaba el ajeno. Ya, ya, sé que esto no me ha sucedido a mí; habría notado algo en las caras y en las vidas de los amigos que han venido y se han ido para volver a venir. Pero sí estoy ya en disposición de asegurar que el tiempo se logra encoger o estirar casi a voluntad, y que las utilidades de esta habilidad no son nada despreciables.

Les contaré más, pero no ahora, que el tiempo vuela si lo nombro.

                                                                                                                                     pedrolezcanojaén

lunes, 16 de mayo de 2016

Miedo al desnudo

Su de Ella, la pintura que da nombre y cartel a la exposición actualmente en el Centro de Artes Plásticas de Gran Canaria, no gusta a todo el mundo. Normal. Pero además ha sido causa de varias reclamaciones a la institución responsable, instándola a retirar no solo el lienzo y su banderola sino a su autor de todo lo que tenga que ver con la cultura o el arte.

Voy a responder dando voz a Elizabeth Costello (protagonista de la maravillosa novela de J.M. Coetzee) a través de la carta que ella escribe a su hermana Blanche, mujer reconvertida en monja inclemente en su misión en Zululandia, horrorizada ante los andares "desnudientos" de los nativos de la aldea. 


Su de Ella.

Escribe Elizabeth:  

"Imagina la escena aquel día en el estudio de Correggio, Blanche. El hombre señala con el pincel. Levánta el pezón, así. No, con la mano no. Solo con dos dedos. La mujer obedece y hace con su cuerpo lo que él dice (...)

La atmósfera del estudio se electriza, pero ¿con qué? ¿con energía eléctrica? ¿Están hormigueando los penes de todos esos hombres? Sin duda. Pero también hay otra cosa en el aire. Adoración. El pincel se detiene mientras adoran el misterio que se manifiesta ante ellos: la vida fluye en un chorro del cuerpo de una mujer (...)

Cuando María, bendita entre todas las mujeres, esboza su remota sonrisa angelical y levanta su dulce pezón rosado ante nuestra mirada, está llevando a cabo un acto de humanidad (...) 

Nada nos obliga a hacerlo. Pero lo hacemos, igualmente movidas por el desbordamiento, la efusión de nuestras humanidades: dejamos caer la ropa, nos descubrimos, descubrimos la vida y la belleza con la que estamos bendecidas. 

La belleza. Seguramente en Zululandia, donde tienes tanta abundancia de cuerpos desnudos que mirar, debes admitir, Blanche, que no hay nada más humanamente hermoso que los pechos de una mujer. Nada más humanamente hermoso, más humanamente misterioso que la razón por la cual los hombres quieren acariciar sin cesar, con pinceles, cinceles o manos, estas bolsas de grasa extrañamente curvadas y nada más humanamente atractivo que nuestra complicidad con su obsesión. 

Las humanidades nos enseñan humanidad. Tras la noche secular del cristianismo, las humanidades nos devolvieron nuestra belleza, nuestra belleza humana. Eso es lo que nos enseñan los griegos, Blanche. Piensa en ello."


Niña echándose a perder con la Maja Ovípara.

jueves, 25 de junio de 2015

Dibujar, dibujar, dibujar...


Yo pinto siempre, y dibujo más. Pero ahora les voy a contar una cosita:


Fragmento de un dibujo-pintura sobre papel, ahondando en "Los niños de la casa grande".


Miranda es una estudiante de Bellas Artes que ha sido bruscamente raptada por su enamorado Ferdinand, disecador de mariposas, entomólogo, como le gusta decir a él, además de un buen aficionado a la fotografía. 


Dibujar es pensar, y este fue el origen de "Los Bebesinsed". (pinchar aquí)


Es que anteayer empecé El Coleccionista, de John Fowles. Se hizo una película con el mismo título, fantástica, con ese color de las pelis inglesas de los sesenta; lenta, espesa.


¿Miranda?
Un viejo dibujo recuperado de algún rincón de mi estudio.


Pasan las semanas y parece que no se llevan tan mal, dadas las circunstancias.
Una tarde, el meloso raptor enamorado le muestra sus fotografías a la bella Nanda (así la llamaban de niña) dibuja que te dibuja ella cabreada en su catre, que hay quien se enfada por cualquier cosa, caramba.



                               

¿De dónde habrá salido el regocijo de la señora?                                                          Niña vieja.           

Ella las examina muy seria, y tras un tenso silencio, escupe la sentencia que me hace comentar esta novela aquí. Dice Miranda, poco más o menos: 

“Tus fotografías están muertas, no las tuyas, todas, todas las fotografías están muertas. Un dibujo crea vida, una foto la asesina. Es como tus mariposas ensartadas.” 


Francamente, esta no sé quien es.

¿Una fotografía congela un instante de vida, quedando inmediatamente envejecida, mientras que un dibujo la construye desde la nada? Puede ser, pero no necesité estar de acuerdo con la sentencia para cerrar el libro y… Y ponerme a dibujar.