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lunes, 12 de diciembre de 2022

Tiempo y Verdad

Para coronar un año hiperactivo en lo que al exterior de mi estudio se refiere -bueno, dentro también ha estado la cosa calentita- inauguro el viernes 16 de diciembre -y hasta el 22 de enero- en el ya casi centenario Museo de Bellas Artes de Santa Cruz de Tenerife, la exposición Tiempo y Verdad, comisariada por la galerista Vicky Pérez. La muestra contendrá unas sesenta piezas: pinturas de medio y gran formato, fracciones mnémicas de las series 1, 2, 3 y 4, dibujos y esculturas. Aproximadamente la mitad ha sido perpetrado en este 2022




Es ésta una exposición independiente, autónoma en cuanto a su poder expresivo y por qué no, narrativo se refiere. Pero fundamentalmente lo que veremos aquí será sólo un escalón más en el ínfimo -para los demás- e inmenso -para mí- proyecto vital del que ya no podré escapar, ni quisiera, y que se empezó a mostrar, crudo, hace exactamente un año, con el título hermano de Objetos de Tiempo, bajo el cuidado, en aquella ocasión, de Laura Teresa García Morales, autora de la monografía del mismo nombre sobre mi recorrido plástico y también humano -editada por Sílex a finales de 2021- con textos también de Fernando Castro Flórez y de Jesús María Castaño y que será presentada, en el marco de este Tiempo y Verdad y el Museo de Bellas Artes de la Ciudad, el sábado 14 de enero de 2023, seguida de una visita guiada a cargo de Vicky, Laura y yo mismo.

¡Allí nos veamos!




lunes, 26 de septiembre de 2022

INcertidumbre(s) X3



El jueves, día 29, a las 7 de la tarde, “nos inauguran” en el CICCA. Será una muestra a cuatro cabezas. A ocho manos. Tres pintores y una comisaria. Cuatro. Digo “nos inauguran” porque Mayeye, María de los Reyes Hernández Socorro, nos ha prohibido estar presentes en el montaje. Y no es que Mayeye tema la intromisión de unos pintorcillos malcriados, no, ella quiere convertirnos en público y sorprendernos a todos. Ha sumado tantas horas, días y meses de trabajo… Una entrega apasionada en la construcción de una exposición ambiciosa, cargada de ideas, de colores comprometidos y de carne enharinada, sensual y grotesca: la de todos. 


Parte inseparable de este trabajo se está volcando en el catálogo, un libro de arte que aspira a perdurar, y que se presentará a lo largo del mes de octubre. 


Qué cosas, antes de que un servidor abriera sus ojos por primera vez, una imagen extrañamente viva anidaba ya al final de una de las paredes, más bien oscuras, que comunicaba el salón de nuestro piso de Tomás Miller con el espacio de sillones frente a la entrada. En esa pintura, un moribundo era velado por una cohorte de familiares a medio sonreír; sus cabezas, alimentadas de ilusiones no precisamente espirituales, ni piadosas. La imagen pertenece a un objeto, una pintura, creada por Rubén Darío Velázquez, que viviera en Gran Canaria medio siglo atrás. Fue entonces cuando un joven pintor, Armando Lorenzo, encontró en aquel hombre de modesta presencia pero mente insondable, una amistad valiosa, pero también un maestro y un modelo al que seguir, desde su propio universo y gusto estético personal. 


Ahora, durante los meses de octubre y noviembre de 2022, poblaremos juntos las catacúmbicas galerías del CICCA. Es como cerrar un círculo, un círculo torcido y abierto como una letra “O” escrit… dibujada por un niño que no sabe, ni quiere crecer. Y si me pongo a contar, fue en el CICCA donde, hace una década, conocí a Armando. Se celebraba, el 11 de octubre de 2012, la inauguración de mi “Fricciones”, cuando el admirado pintor se acercó para ofrecerme un intercambio de pinturas, que acepté como quien recibe un gran piropo ilegal. 


Un año antes, mi único encuentro personal con nuestro Rubén había acontecido en casa de su coleccionista más fiel en la isla, la poeta Dolores Guerra.

Puede que el círculo que ahora completamos sea imperfecto, pero la presencia de Mayeye, a la que conozco mucho, mucho tiempo antes que ella a mí, lo convierte en un perfecto círculo en cuadratura. Cuatro



pedrolezcanojaén


 

domingo, 22 de mayo de 2022

Revista de Occidente

 


Media vida tropezándome, aquí y allá, con la mítica portada de Revista de Occidente, y ahora una de mis fracciones mnémicas ocupa el centro de una de ellas. Se trata del número de mayo de 2022.

 



Dentro, acompañando el nutritivo material que desde siempre ofrece esta publicación, hay varias imágenes más, en blanco y negro, y salen de las manos del hombrecillo que suscribe. En esta entrada les muestro algunas de ellas.





 
Si no tienen cerca un kiosko que las ofrezca, en este enlace pueden adquirir la casi, casi centenaria publicación, fundada por José Ortega y Gasset en 1923:

https://ortegaygasset.edu/producto/revista-de-occidente-no-492-mayo-2022/

domingo, 21 de marzo de 2021

¿Cuánto pesa una nube? Disección de la memoria.


Me da miedo volar. Y aun así vuelo. Me vuelan. Penetro sin rechistar en ese puro gigante destinado a caer. Te amarran, los motores se calientan, tu tronco se aplasta contra el respaldo y tras el estruendo de siete segundos, atraviesas el colchón de nubes como si nada. Calma. La gravedad calla, y los motores. Pueden desabrocharse los cinturones, canta la voz sin añadir, el manto de nubes es ahora un extenso edredón sin funda ni costuras. ¡Fuera miedos: a partir de ahora, las acrobacias se realizarán con red! (1)

Me interesa la nube como idea, como símbolo, como metáfora de la memoria. También como pretexto plástico. La nube es moldeable, difusa, clara, oscura, lo que quieras. Llena de cosas y sin embargo transparente. Pesada pero traspasable. La verdad, preferiría no leer demasiado y seguir creyendo que las nubes están habitadas por sapos, arañas, peces y otras cosas que caerán a la tierra con la misma infrecuencia que los puros gigantes, para volver a elevarse con los vientos raros de la madrugada.

¿Cuánto pesa una nube? (2)


¿Cuánto pesa una nube? 120x140 cms. 2019.

También están las nubes digitales donde todo cabe. Hasta nuestras vidas. Selfies y chascarrillos incluidos. Ya se ofrecen proyectos de inmortalidad a través de la preservación y ordenamiento de nuestros paquetes personales de memoria (3). Inconmensurables archivos de tiempo. De vida. Sueño, frustración y fruslerías.

Imagino esos paquetes, en absoluto rectangulares como suelen ser los paquetes, sino amorfos y permeables como son las nubes de toda la vida. Pero más sucios y revueltos. Una maraña espesa y escabrosa. Mi paquete de memoria será probablemente como el tuyo, un estercolero vivo y despeinado. Como la enredadera del muro de atrás de una casona vieja de campo, que trepa y trepa como yéndose sin querer hasta el borde y quedar cortada su silueta arriba contra el azul.


(1) Me siento identificado con la respuesta que dio Gabriel García Márquez a quien trataba de ayudarle a superar el miedo a volar aludiendo al muy superior riesgo estadístico de morir en accidente de coche. Oiga, es que yo no tengo miedo a morir, yo tengo miedo a volar, a volar.   

(2) No se trata de una pregunta baladí, que va. Una nubecilla mediana flotando plácidamente sobre un espléndido azul cobalto, podría alcanzar tranquilamente unos 500.000 kilos. Y no estoy teniendo en cuenta a los zapos, ni a la inevitable poética que arrastra cualquier nube provista de un mínimo de dignidad.

(3) En Be Right Back, primer episodio de la segunda temporada de la serie Black Mirror (2013), una mujer "recupera" a su novio muerto, gracias a los servicios que le ofrece un sofware que genera nuevas conversaciones con el fallecido a partir de los registros almacenados en las redes sociales, emails, mensajes de voz, etc. 




 

martes, 1 de diciembre de 2020

Aquelarre Laico, o Noche de Mi-Carême.




Pedro Lezcano Jaén. noviembre y diciembre de 2019. Mixturado técnico sobre maderas, 48x44x15 cms.

"Su llegada fue anunciada oficialmente el 29 de marzo, y como era Mi-carême, además hacía un día soleado y claro, los parisinos inundaban los bulevares con más alegría que de costumbre; se vieron máscaras burlándose del miedo al cólera y a la propia enfermedad en una caricatura deforme y descolorida. Aquella noche los bailes estaban abarrotados, las risas y la gente ahogaban la música más alta. Durante el baile del Chahut aumentó el calor, se engulleron todo tipo de helados y bebidas. De súbito, el más alegre de los arlequines sintió un escalofrío en sus piernas, se quitó la máscara y, para regocijo de los asistentes, reveló su rostro amoratado. Pronto se vio que no era broma; las risas se apagaron, se enviaron coches directamente del baile al Hôtel-Dieu, el Hospital Central, donde morían vestidos con sus trajes de carnaval. Se decía que los muertos habían sido enterrados tan rápido que ni siquiera había dado tiempo a quitarles sus disfraces de rombos; tan alegres como cuando estaban vivos, así yacen ahora en sus tumbas." 

Heinrich Heine, (1797-1856). Ich rede von der cholera: ein bericht aus Paris von 1832.





Pedro Lezcano Jaén. Desde La Noche de Mi-Carême. Grafito y otras cosas sobre grueso papel de 30x42 cms.















 

miércoles, 1 de abril de 2020

Aprendieron después a volar.

No he sido nunca hombre de caballos, ni mujer. De caballos. 
Tampoco este dibujo que empiezo terminará en caballo. 
Ni en caballa. 
La cabeza que le falta, y el pie, le robarán parte de lo que de caballo tiene, ganando en similar medida, lo que de caballero tendrá. 
Sí.




¿Lo ven? El Aprendieron después a volar acabó de esta florida manera y aunque no lo parezca, se trata de un retrato. Un retrato libre y un fragmento crucial en la biografía de Lluis, al que hace referencia este enigmático título: 


Aprendieron despúes a volar. Retrato de Lluis Serra.
120x160 cms.


pedrolezcanojaén

lunes, 22 de abril de 2019

Ladrón de Almas


Cumplidos los rezos, regreso al infierno con este "Ladrón de Almas" (2019. 120x100 cms), un autonitrato malintencionado con sonrisa falsa y alas a medio arrancar, a manos de un dios indignado:




Añado el regalo espontáneo del poeta:


La libertad es cualquier cosa,
acaso el orgasmo de ángeles excitados 
sobre nuestras cabezas.

Gaetano Longo.
.
Solo la noche nos abandona
de nosotros mismos.
Nos lanza a otros,
en busca de nuevos brazos.
Nos descubre, tal y como somos,
ante imágenes vírgenes
que cruzan nuestra soledad.

Solo la noche nos hace libre.
Nos hace ángeles de la oscuridad,
que sueñan con atravesar la luz
en el infinito de nuestros cuerpos.

© José A. Socorro-Noray





domingo, 16 de diciembre de 2018

Tres insignificantes sucesos separados en el tiempo (1/3)


Detalle de El Jardín de las Strelitzias, 170x230, 2018.


1. Mono.

Tengo siete años. La figura de mi padre aparece desde la oscuridad de la entrada con un mono sobre sus hombros. Por su bigote le llamamos Íñigo. En aquella época teníamos en la azotea un modesto palomar. Su matriarca era una vieja paloma de una sola pata. Apenas despegaba su cuerpo del suelo. Comer y descomer era su oficio. Íñigo llevaba una vida razonablemente libre y el día que desapareció no debió sorprender a nadie. Buscamos y gritamos su nombre conociendo el silencio de su respuesta. Nos costó pensar en la azotea. Al llegar arriba, el suelo era un caos de plumas y sangre. 


Detalle de El Jardín de las Strelitzias, 170x230, 2018.

Desde el fondo, entre los bidones, acodado sobre el grifo de mango rojo, nos miraba Íñigo despreocupado, chupando una pata de paloma. Unos años después en esa misma azotea, moría Íñigo por insolación, olvidado al sol por un niño que aún no sabía que se podía llorar con razón.* 


Detalle de El Jardín de las Strelitzias, 170x230, 2018.

*Lo enterramos en un rincón del jardín, junto al drago que se negaba a crecer. Siete años después, un joven Felipe -el foxterrier de mi adolescencia- trajo al sofá de la tele un pequeño trofeo en forma de cráneo. Enseguida reconocimos a Íñigo. Lo regresamos respetuosamente a su lugar, ahora bajo tres pesadas piedras de mar.









martes, 9 de octubre de 2018

Yo también fui hecha con polvo.


A través de la red muestro lo que hago, como el avaro suelta sus monedas. Y no es por tacañería. Desde este taller al norte de la isla redonda, construyo criaturas para tocar. Con los ojos. La fotografía es buena, pero aún sigue siendo mucho lo que se pierde.


Andamiaje casero para sentarnos "sobre su cabeza"
En marcha estaba la segunda versión de Yo también fui hecha con polvo.
(foto de Ana Lola Borreguero)

Diría que si es absurdo pintar para imitar a una fotografía,  deprimente sería que lo pintado pudiera ser perfectamente duplicado por otra.                              


Fragmento de la segunda versión de Yo también fui hecha con polvo, 280x200 cms.
La primera versión pinchar aquí.
(la foto de Manolo Morales)


¡Seguimos!

                                 
                                                                                                                                   pedrolezcanojaén

viernes, 7 de septiembre de 2018

El Aroma del Tiempo*


Me interesa la pintura asociada a la lentitud. Requiero tiempo. 
No porque me vea como uno de esos perfeccionistas suicidas, esclavo de una técnica quisquillosa. 

Lo que yo querría es engrosar la materia. Hacerlo a base de capas de tiempo. Dilatar el proceso y el aire entre las figuras. Para que me lo cuenten todo. 

Dar tiempo a que se me revelen los secretos, las mentiras. 
Y se confundan.


pedrolezcanojaén. 2018.





*El título de esta entrada lo he tomado prestado del maravilloso libro de Byung-Chul Han, El Aroma del Tiempo, 2014, editado por Herder. 

domingo, 10 de junio de 2018

Dysfunctional family on the rock


Dysfunctional family on the rock.
Técnica Mixta sobre tabla entelada. 170x200cms.
Noviembre-diciembre de 2017.


En un lugar impreciso de la gran tabla entelada, creció una mujer sin cabeza -sus piernas gustando desde el principio-. 

Carcajea ya antes de tener boca, por eso parece decapitada, más que inacabada. Nos quedamos así durante noches; finalmente, sería ella quien me lo fuera contando todo, sin boca en su cabeza de aire. 


Su abuelo, el de las tres manos -cinco, sin ojo atento; una sola, sin atención alguna; cuatro, la cifra exacta si conocemos los efectos del solapamiento- resultó ser mi tatarabuelo Jacques Fino; i
gnoro la razón por la que acabó con esa máscara sobre su frente rellena de láudano y de paja. Todos decían que la llevaba puesta el niño aupado a sus hombros, pero eso es absurdo y no les quise escuchar. 



      



Más tarde, abajo, apareció Vida, el inmortal gato muerto de mis amigos -tan breve y místico a sus cinco años- mutando en Virgen del Jilguero -composición triangular clásica- y enredado en dos pollos de pelícano, Jesús y Juan.




Madonna del cardellino, Rafael Sanzio,
hacia 1506, 107× 77cms.

Tras circulares titubeos y húmedos tormentos nocturnos, resolvimos –la chica sin cabeza y yo- recuperar a la hija de Lilith, con las obligadas alas de diabla, su cabeza preciosamente tocada de flores y la sonrisa de la chica de las piernas graciosas enredada en su pelo, a la que por cierto, acabaron por rebosarle pequeñas yemas de huevo confundidas por entre sus pezones -el rojo y el amarillo, la clara brillante, la piel casi rosada-. 


Aunque de una importancia trascendental es su presencia, no debería referir nada aquí sobre el putto con cabeza de pájaro y uñas en punta. Podría decirse que se limita a mirar la escena, pero me niego a engañar a nadie sin necesidad ni arrimarme a verdades no pertinentes. 


Sobre su pico y rodeado por un robusto marco de madera labrada, luce por su mitad inferior el Juegos de Matrimonio con Abuelo Barbado, aquella pequeña pintura que supuestamente perpetrara en 2014. 


Acaso fuera éste que sostiene el intrigante señor calvo, mi primer huevo, anterior incluso al sonado asunto Estanislao y la devenida orgía de yemas y de sangre del año siguiente en el pasillo de mi casa. 

Pero aquella fue otra historia.
                                                                                             pedrolezcanojaén

sábado, 28 de abril de 2018

¿Si es útil es feo?


Recientemente he instalado, asomando por las paredes, un humilde trío escultórico en Suites 1478 (una mano y dos cabezas, íntimamente relacionadas entre sí, como veremos) 

Todo bien, pero un vago runrún hormigueaba insistente por mi oreja izquierda: "Cuidado, estás cayendo en la pendiente del utilitarismo. Da igual cómo lo hagas, ¡si es funcional, no es arte!" 

¿Por qué les cuento esto?






Porque la mano que señala acusadora, no acusa ni señala. Dirige: ¿Los servicios, por favor? Siga el dedo de aquella mano, caballero. ¡Horror, mi mano es funcional! 

Ahora resulta que me voy a sentir aludido por las palabras siempre ácidas y poderosas de Theóphile Gautier, el hombre que prefería su zapato descosido a un verso mal rimado, que vendería su calzón por un anillo, su pan por mermelada:  

Sólo es realmente hermoso lo que no sirve para nada. Todo lo que es útil, es feo, porque es la expresión de alguna necesidad y las necesidades del hombre son ruines y desagradables, igual que su pobre y enfermiza naturaleza. El rincón más útil de una casa son las letrinas.




¡Ah, pero esto no es todo! 

Llegados a los baños, caigo en picado: no sería decoroso en estos tiempos pacatos, arriesgar a meterse uno en el de ellas o una en el de ellos. Bien avenidos sí, pero sin confianzas ni mezcolanzas indeseables. Y para eso están mis cabezas:




He tratado pues de anular el margen de error, sin bigote ni pintalabios mediante, a un nivel que apenas supere el cero. 

Eficaz y funcional, sí... ¡como las letrinas!





En fin, me alivio imaginando a la mismísima Hannah Arent rescatándome de los radicales franceses, moderando el discurso y relacionando la funcionalidad con el uso y con el desgaste (algo que en principio, no sufrirán mis piezas) 

Recupero por eso un par de párrafos de su La Crisis de la Cultura (1968):

Un objeto es cultural en función de la duración de su permanencia: su carácter duradero se opone a su aspecto funcional -ese mismo aspecto que lo haría desaparecer del mundo fenoménico a través de su uso y de su desgaste (...) La cultura se ve amenazada cuando todos los objetos del mundo producidos actualmente o en el pasado son tratados exclusivamente como funciones de los procesos sociales vitales -como si no tuvieran otra razón de existir que la de satisfacer alguna necesidad- sin importar si las necesidades en cuestión son elevadas o innobles.








martes, 3 de octubre de 2017

Ese fenómeno social llamado "inauguración".


Cualquiera que se dedique a esto de hacer cositas con las manos (manos que obedecen al estómago y a otros órganos tangibles o no) es consciente de que habrá de pasar buena parte de su tiempo en soledad (falso) no mirándose el ombligo, pero casi. 


Entre paréntesis la palabra falso adelanta que podría tratarse de un truco ¡lo es! una estratagema poco sutil y bastante rebuscada para pasar una vida más y mejor acompañada. Pues, qué diablos haría yo encerrado en mi cueva si no hubiera otras personas afuera.

No soy de esos hacedores que pronuncian puño en pecho “pinto como otros respiran” o “si no pinto, muero”. ¿Pintarías tú si te encontraras como el Charlton Heston de los setenta: único hombre vivo sobre la tierra? Claro que no. ¿O sí? Yo seguro que no pintaría si me quedara solo en el mundo, no al menos durante el primer trimestre (el tiempo que me llevara saquear la sede central de Winsor & Newton y okupar el estudio de Gerhard Richter)

Uno de los resultados más obvios de la vulgar artimaña es ese fenómeno social llamado “inauguración”. La inauguración, seamos francos, es una especie de auto homenaje (como lo son también las bodas y los bautizos, los cumpleaños, las comuniones, incluso los entierros para el desconsolado más cercano) que se organiza el artista para sí mismo, aparentado cuidadosamente que son otros los que lo hacen por ti, casi sin querer uno.

Ay, pero a mí me chiflan las inauguraciones. La moral se me sube, y el vino. Ya, ya, sé que la gente miente como bellaca en esas fiestas, pero lo hacen por ti y lo agradezco igual. Es mi día, mi noche, que espere tumbada la cruda realidad (ya la despertaré mañana, si me acuerdo)

A propósito de todo esto: hace unas semanas inauguré sin inauguración unas pinturas enormes y envolventes (envolventes digo pues envuelven paredes y techos) No hubo gran noche (sniff) no corrió el vino. No he tenido que reincidir en no ponerme corbata y colorete. El fruto de mi encierro de seis meses se ha mostrado sin titulares ni bulla y… cómo lo estoy saboreando... 

El techo secundario (donde ilumina de forma incorrecta la lámpara del hall del fantástico Suites 1478) contiene cientos de dibujos a modo de libreta de bocetos (Laboratorio de Ideas, 180x240 cms) donde los elementos que pueblan el conjunto Fantasía y Fuga del Jardín del Edén lucen crudos en esbozos simples de línea, entrelazados o superpuestos con notas y dedicatorias. (foto: Manolo Morales)

La satisfacción del trabajo (¿bien?) hecho la recogeré como nísperos maduros, mayo tras mayo. Es cierta mi ventaja: la instalación no tiene prevista fecha de caducidad; incluso es previsible que ahí quede aupada sobre el espacio, más tiempo que yo sobre mis pies. Los amigos tienen una vida para avisarme que van (y lo hacen, no me quejo ni hago llamamientos) para ver juntos todo el Suites 1478, echarnos algo, vivirlo despacio, a cuentagotas. Personas a las que no conozco me escriben, comentan, dan sentido y perspectiva a lo que de la tremenda borrachera (creativa) brotó en mi cueva durante aquellos meses finales de 2016.

¿Estoy haciendo sin quererlo una apoteosis al autohomenaje continuo? ¡No, por el amor de dos, no! Más bien al contrario, trato con esta perorata de reclamar para todo currante honesto el premio sereno, proporcionado. La reflexión y la crítica ponderada. El disfrute conjunto del trabajo de todos. Eso. Afortunado me siento.

pedrolezcanojaén

El conjunto Fantasía y Fuga del Jardín del Edén está instalado en Suites 1478, en la calle Dr. Chill, nº 22. Vegueta, Gran Canaria, donde además se pueden ver obras de artistas del calibre de Manolo González, Lita Cabellut, Ana Lilia Martín, Fernando Álamo o Marina Vargas.


martes, 31 de enero de 2017

Fantasía y Fuga del Jardín del Edén


Hip, hip, hoy hace cinco meses que anuncié en este blog (me lo anunciaba a mí mismo en realidad, como para creérmelo) el comienzo del mayor reto pictórico de mi vida. Cinco meses, ciento cincuenta días (*) ininterrumpidos de pringue del bueno. 


Un pequeño fragmento sin acabar de los Lilim.

Ha sido un tiempo apasionante, he aprendido como un cochino joven en su primer charco y ahora estoy más guarro, fuerte, feo, mejor. ¡He terminado, que venga el siguiente!


De este pedazo de pintura esbozada en el verano, nació una idea.

Con los deberes hechos, siento el placentero mareo de haber llegado a un lugar desconocido por mí. Y es que veo las cinco gigantescas pinturas -32 metros cuadrados en total- que he perpetrado en este pedacito de vida, y tengo la inquietante sensación de que ha sido otro el hacedor de toda esta jarana de inseminaciones, ángeles caídos, demonios lenguado, cachorros de pelícano, muñecas desmembradas. 


El café y la cerveza: grandes aliados (lo de los tropezones es un asunto personal)
¡Ah, de esta fosilización casera llegó otra idea!

Aún no puedo enseñar nada, pero pronto -¿en marzo?- podremos verlo todos en el espacio para el que ha sido gestado.


(*) Si una vida es tan corta como dicen, podría asegurar que ciento cincuenta días pueden ser tan anchos como una niñez completa. Y como un verano en la infancia puede ser más largo que toda una vida, no me extrañaría que durante este tiempo me pasara como al astronauta que viajó en sueños a la velocidad de la luz, ralentizándose su tiempo mientras se embalaba el ajeno. Ya, ya, sé que esto no me ha sucedido a mí; habría notado algo en las caras y en las vidas de los amigos que han venido y se han ido para volver a venir. Pero sí estoy ya en disposición de asegurar que el tiempo se logra encoger o estirar casi a voluntad, y que las utilidades de esta habilidad no son nada despreciables.

Les contaré más, pero no ahora, que el tiempo vuela si lo nombro.

                                                                                                                                     pedrolezcanojaén

jueves, 1 de septiembre de 2016

La Gran Prueba


A comienzos de verano llegó la propuesta...


Uno de los bocetos.


Un sueño para cualquier pintor. Al menos para uno que no tenga miedo a mostrar sus vergüenzas. A hacer lo que no sabe o le excite lo desconocido, aunque el sueño se pueda convertir en pesadilla.




Tras la proposición, mi cabeza acalorada no descansó ni cuando simulaba que dormía. Un esbozo de proyecto, el ok definitivo y todo el mes de agosto jugando en los bocetos, finalmente detallados y a escala, en espera de la llegada del material. 

Desde el lunes 29 todo en el taller. Dos días de imprimación por delante y aislante por detrás... Y a pintar. 

Mañana por la mañana empieza la aventura. Ese descomunal tamaño se eleva ya como una sombra cuando entro en el estudio y me susurra ¡atrévete si puedes, pintorcillo!

(Ha habido más cosas, muchas más, en los previos de este reto tan estimulante para mí, algunas que sobrepasaban mi capacidad y para eso he contado con la ayuda imprescindible de José Riquelme, amigo y maestro. También de Juán Méndez, ya un auténtico compañero de batalla. Y por supuesto, de Ana Lola Borreguero.)



lunes, 16 de mayo de 2016

Miedo al desnudo

Su de Ella, la pintura que da nombre y cartel a la exposición actualmente en el Centro de Artes Plásticas de Gran Canaria, no gusta a todo el mundo. Normal. Pero además ha sido causa de varias reclamaciones a la institución responsable, instándola a retirar no solo el lienzo y su banderola sino a su autor de todo lo que tenga que ver con la cultura o el arte.

Voy a responder dando voz a Elizabeth Costello (protagonista de la maravillosa novela de J.M. Coetzee) a través de la carta que ella escribe a su hermana Blanche, mujer reconvertida en monja inclemente en su misión en Zululandia, horrorizada ante los andares "desnudientos" de los nativos de la aldea. 


Su de Ella.

Escribe Elizabeth:  

"Imagina la escena aquel día en el estudio de Correggio, Blanche. El hombre señala con el pincel. Levánta el pezón, así. No, con la mano no. Solo con dos dedos. La mujer obedece y hace con su cuerpo lo que él dice (...)

La atmósfera del estudio se electriza, pero ¿con qué? ¿con energía eléctrica? ¿Están hormigueando los penes de todos esos hombres? Sin duda. Pero también hay otra cosa en el aire. Adoración. El pincel se detiene mientras adoran el misterio que se manifiesta ante ellos: la vida fluye en un chorro del cuerpo de una mujer (...)

Cuando María, bendita entre todas las mujeres, esboza su remota sonrisa angelical y levanta su dulce pezón rosado ante nuestra mirada, está llevando a cabo un acto de humanidad (...) 

Nada nos obliga a hacerlo. Pero lo hacemos, igualmente movidas por el desbordamiento, la efusión de nuestras humanidades: dejamos caer la ropa, nos descubrimos, descubrimos la vida y la belleza con la que estamos bendecidas. 

La belleza. Seguramente en Zululandia, donde tienes tanta abundancia de cuerpos desnudos que mirar, debes admitir, Blanche, que no hay nada más humanamente hermoso que los pechos de una mujer. Nada más humanamente hermoso, más humanamente misterioso que la razón por la cual los hombres quieren acariciar sin cesar, con pinceles, cinceles o manos, estas bolsas de grasa extrañamente curvadas y nada más humanamente atractivo que nuestra complicidad con su obsesión. 

Las humanidades nos enseñan humanidad. Tras la noche secular del cristianismo, las humanidades nos devolvieron nuestra belleza, nuestra belleza humana. Eso es lo que nos enseñan los griegos, Blanche. Piensa en ello."


Niña echándose a perder con la Maja Ovípara.