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martes, 9 de octubre de 2018

Yo también fui hecha con polvo.


A través de la red muestro lo que hago, como el avaro suelta sus monedas. Y no es por tacañería. Desde este taller al norte de la isla redonda, construyo criaturas para tocar. Con los ojos. La fotografía es buena, pero aún sigue siendo mucho lo que se pierde.


Andamiaje casero para sentarnos "sobre su cabeza"
En marcha estaba la segunda versión de Yo también fui hecha con polvo.
(foto de Ana Lola Borreguero)

Diría que si es absurdo pintar para imitar a una fotografía,  deprimente sería que lo pintado pudiera ser perfectamente duplicado por otra.                              


Fragmento de la segunda versión de Yo también fui hecha con polvo, 280x200 cms.
La primera versión pinchar aquí.
(la foto de Manolo Morales)


¡Seguimos!

                                 
                                                                                                                                   pedrolezcanojaén

domingo, 10 de junio de 2018

Dysfunctional family on the rock


Dysfunctional family on the rock.
Técnica Mixta sobre tabla entelada. 170x200cms.
Noviembre-diciembre de 2017.


En un lugar impreciso de la gran tabla entelada, creció una mujer sin cabeza -sus piernas gustando desde el principio-. 

Carcajea ya antes de tener boca, por eso parece decapitada, más que inacabada. Nos quedamos así durante noches; finalmente, sería ella quien me lo fuera contando todo, sin boca en su cabeza de aire. 


Su abuelo, el de las tres manos -cinco, sin ojo atento; una sola, sin atención alguna; cuatro, la cifra exacta si conocemos los efectos del solapamiento- resultó ser mi tatarabuelo Jacques Fino; i
gnoro la razón por la que acabó con esa máscara sobre su frente rellena de láudano y de paja. Todos decían que la llevaba puesta el niño aupado a sus hombros, pero eso es absurdo y no les quise escuchar. 



      



Más tarde, abajo, apareció Vida, el inmortal gato muerto de mis amigos -tan breve y místico a sus cinco años- mutando en Virgen del Jilguero -composición triangular clásica- y enredado en dos pollos de pelícano, Jesús y Juan.




Madonna del cardellino, Rafael Sanzio,
hacia 1506, 107× 77cms.

Tras circulares titubeos y húmedos tormentos nocturnos, resolvimos –la chica sin cabeza y yo- recuperar a la hija de Lilith, con las obligadas alas de diabla, su cabeza preciosamente tocada de flores y la sonrisa de la chica de las piernas graciosas enredada en su pelo, a la que por cierto, acabaron por rebosarle pequeñas yemas de huevo confundidas por entre sus pezones -el rojo y el amarillo, la clara brillante, la piel casi rosada-. 


Aunque de una importancia trascendental es su presencia, no debería referir nada aquí sobre el putto con cabeza de pájaro y uñas en punta. Podría decirse que se limita a mirar la escena, pero me niego a engañar a nadie sin necesidad ni arrimarme a verdades no pertinentes. 


Sobre su pico y rodeado por un robusto marco de madera labrada, luce por su mitad inferior el Juegos de Matrimonio con Abuelo Barbado, aquella pequeña pintura que supuestamente perpetrara en 2014. 


Acaso fuera éste que sostiene el intrigante señor calvo, mi primer huevo, anterior incluso al sonado asunto Estanislao y la devenida orgía de yemas y de sangre del año siguiente en el pasillo de mi casa. 

Pero aquella fue otra historia.
                                                                                             pedrolezcanojaén

jueves, 8 de marzo de 2018

La Guarida del Perro Verde


Marcos Crespo escribe, tras una visita a mi cueva junto a nuestro amigo común Salva Santana, una crónica intencionadamente florida de mis desventuras cotidianas en el taller, estudio, cueva y guarida: 

(muy agradecido por tan elegante regalo)

Uno de mis primeros autoretratos involuntarios...
¡Hasta que Laura T. García Morales se dio cuenta!

En su guarida, creada entre espacios de claroscuros y lucernarios ventilados, se hayan los retazos pincelados de las instantáneas que su mente vomita en momentos de idílico baile con la ensoñación. 

Mantiene con sus “alelíes” y “testas preñadas”, un diálogo en su propio idioma inventado. El soliloquio lo mantiene atento, concentrado. De estancia en estancia, se han ido desparramando y anidando sus criaturas, para así poder vigilar sus idas y venidas. 
Semidistraído y un poco enloquecido, deambula por la guarida armado con un pincel en cada mano. Tras la sombra de larga envergadura, los dos fieles cancerberos le hacen de ayudas de cámara. 

Tristán y Laica.
Revisan y observan cada una de sus miradas, si el Perro Verde para o se queda absorto, ellos imitan y contemplan. Si el Perro Verde reanuda su deambular, ellos retoman la guardia y le hacen de séquito. Ahora está callado, ante el inmenso lienzo donde el hada de hermosa y ligera pose, se hace enorme y se va convirtiendo en carne, cincelada cada detalle a base de brocha y pincel. Sus guardias, rata en boca, le dejan ensimismarse y reposan en sus nichos, a la espera de la siguiente ronda. 

Mientras tanto, el diálogo en las otras salas se mantiene continuo. Traviesas, las criaturas de sus creaciones, interrogan al aíre, y le piden que lleve a sus oídos, sus susurros. Y esta, obediente, enzarza en el enmarañado hilo de sus pensamientos, las conversaciones y secretos de sus habitantes bi y tri dimensionales. 



Y el Perro Verde va de sala en sala siguiendo este hilo luminoso que su mente percibe, desarrollando las historias que se le insinúan en la caverna de su mente. Las historias son hilvanadas con los pinceles y trozos de maestría, que refrena como un domador ante las fieras, para que se plieguen a sus designios… siempre en precario equilibrio con la desbordante necesidad de plasmar mil ideas en un solo lienzo. 

Pero paso a paso, como si de una guerra damérica se tratara, avanzan sus pinceles sobre el lienzo y retienen el ímpetu de sus trazos. Y poco a poco, surge de blanco manchado, una serie de filigranas y márgenes. Sobre ellos, y en primer plano, las figuras de sus ensueños, de pesadillas, de vientos internos. Los cánones se rehacen para complacer a su ojo y las manos vuelan de arriba abajo, de abajo arriba, de izquierda a derecha y vuelta arriba… y sigue en el plano en donde no hay cortapisas , no hay fines. No hay más que vértigos y sueños. Y de esta manera, tanto los cancerberos como la guardiana de la guarida, observan en silencio al Perro Verde. 

Fragmento de Los Lilim, instalado en Suites 1478 (240x150 cms) que forma parte
de las cinco grandes pinturas de nombre Fantasía y Fuga del Jardín del Edén.

De sala en sala, de obra en obra, de esquina a esquina. Le velan el ensueño creativo para rescatarle en los momentos en que las voces se hacen llenas o se desvanecen en la noche. Esos son los momentos de actuación, en que, entre abrazos, lametazos y algún que otro coscorrón, reclaman la vuelta a la realidad terrena del hado volador del pintor. Y el diálogo queda pendiente, dentro de la Guarida del Perro Verde, para un nuevo llamamiento y un nuevo sueño que entrelazar con las urdimbres del lienzo. 

                                                                               Texto de Marcos Crespo.








martes, 3 de octubre de 2017

Ese fenómeno social llamado "inauguración".


Cualquiera que se dedique a esto de hacer cositas con las manos (manos que obedecen al estómago y a otros órganos tangibles o no) es consciente de que habrá de pasar buena parte de su tiempo en soledad (falso) no mirándose el ombligo, pero casi. 


Entre paréntesis la palabra falso adelanta que podría tratarse de un truco ¡lo es! una estratagema poco sutil y bastante rebuscada para pasar una vida más y mejor acompañada. Pues, qué diablos haría yo encerrado en mi cueva si no hubiera otras personas afuera.

No soy de esos hacedores que pronuncian puño en pecho “pinto como otros respiran” o “si no pinto, muero”. ¿Pintarías tú si te encontraras como el Charlton Heston de los setenta: único hombre vivo sobre la tierra? Claro que no. ¿O sí? Yo seguro que no pintaría si me quedara solo en el mundo, no al menos durante el primer trimestre (el tiempo que me llevara saquear la sede central de Winsor & Newton y okupar el estudio de Gerhard Richter)

Uno de los resultados más obvios de la vulgar artimaña es ese fenómeno social llamado “inauguración”. La inauguración, seamos francos, es una especie de auto homenaje (como lo son también las bodas y los bautizos, los cumpleaños, las comuniones, incluso los entierros para el desconsolado más cercano) que se organiza el artista para sí mismo, aparentado cuidadosamente que son otros los que lo hacen por ti, casi sin querer uno.

Ay, pero a mí me chiflan las inauguraciones. La moral se me sube, y el vino. Ya, ya, sé que la gente miente como bellaca en esas fiestas, pero lo hacen por ti y lo agradezco igual. Es mi día, mi noche, que espere tumbada la cruda realidad (ya la despertaré mañana, si me acuerdo)

A propósito de todo esto: hace unas semanas inauguré sin inauguración unas pinturas enormes y envolventes (envolventes digo pues envuelven paredes y techos) No hubo gran noche (sniff) no corrió el vino. No he tenido que reincidir en no ponerme corbata y colorete. El fruto de mi encierro de seis meses se ha mostrado sin titulares ni bulla y… cómo lo estoy saboreando... 

El techo secundario (donde ilumina de forma incorrecta la lámpara del hall del fantástico Suites 1478) contiene cientos de dibujos a modo de libreta de bocetos (Laboratorio de Ideas, 180x240 cms) donde los elementos que pueblan el conjunto Fantasía y Fuga del Jardín del Edén lucen crudos en esbozos simples de línea, entrelazados o superpuestos con notas y dedicatorias. (foto: Manolo Morales)

La satisfacción del trabajo (¿bien?) hecho la recogeré como nísperos maduros, mayo tras mayo. Es cierta mi ventaja: la instalación no tiene prevista fecha de caducidad; incluso es previsible que ahí quede aupada sobre el espacio, más tiempo que yo sobre mis pies. Los amigos tienen una vida para avisarme que van (y lo hacen, no me quejo ni hago llamamientos) para ver juntos todo el Suites 1478, echarnos algo, vivirlo despacio, a cuentagotas. Personas a las que no conozco me escriben, comentan, dan sentido y perspectiva a lo que de la tremenda borrachera (creativa) brotó en mi cueva durante aquellos meses finales de 2016.

¿Estoy haciendo sin quererlo una apoteosis al autohomenaje continuo? ¡No, por el amor de dos, no! Más bien al contrario, trato con esta perorata de reclamar para todo currante honesto el premio sereno, proporcionado. La reflexión y la crítica ponderada. El disfrute conjunto del trabajo de todos. Eso. Afortunado me siento.

pedrolezcanojaén

El conjunto Fantasía y Fuga del Jardín del Edén está instalado en Suites 1478, en la calle Dr. Chill, nº 22. Vegueta, Gran Canaria, donde además se pueden ver obras de artistas del calibre de Manolo González, Lita Cabellut, Ana Lilia Martín, Fernando Álamo o Marina Vargas.


jueves, 24 de agosto de 2017

Fantasía y Fuga en Suites 1478


El día que no me sienta aprendiz de pintor, estaré muerto, acabado. Sorprenderme cada día es mi gasolina y la razón de que el tiempo me sea denso, se deslice y deje de volar.

Hace siete meses finalicé un proyecto inmenso. Aquel conjunto, cinco descomunales pinturas para un hall, abre sus puertas ahora, siete meses después de apilar aquellos 16 grandes paneles en el pasillo, a la espera del camión de Angelito y de la compleja instalación. 


Fue mi Fantasía y Fuga del Jardín del Edén, conjunto del que aquí muestro un botón:

Fantasía y Fuga del Jardín del Edén (2/5) 260x280 cms

Parece tanto tiempo, (me) he descubierto (aprendido) tanto desde entonces. Ahora que estoy a punto de mostrar mis nuevos descubrimientos íntimos en la Galería de Arte Magda Lázaro, abre sus puertas este maravilloso antro, Suites 1478


Entrada, hall y patio al fondo de Suites 1478

Suites 1478 es una obra de arte en su conjunto en el edificio emblemático de Miguel Martín-Fernández de la Torre, comandada por una persona que cree en la cultura, en el arte, en los referentes para una ciudad que merece algo más que mega centros comerciales, hoteles clon o acuarios megalómanos. Miguel es discreto, quiere ser invisible; no daré ni uno de sus apellidos. Él no figura ni regala sonrisas falsas, no halaga ni promete. Sueña y trabaja. 



                                                                                                                                                                      pedrolezcanojaén








martes, 31 de enero de 2017

Fantasía y Fuga del Jardín del Edén


Hip, hip, hoy hace cinco meses que anuncié en este blog (me lo anunciaba a mí mismo en realidad, como para creérmelo) el comienzo del mayor reto pictórico de mi vida. Cinco meses, ciento cincuenta días (*) ininterrumpidos de pringue del bueno. 


Un pequeño fragmento sin acabar de los Lilim.

Ha sido un tiempo apasionante, he aprendido como un cochino joven en su primer charco y ahora estoy más guarro, fuerte, feo, mejor. ¡He terminado, que venga el siguiente!


De este pedazo de pintura esbozada en el verano, nació una idea.

Con los deberes hechos, siento el placentero mareo de haber llegado a un lugar desconocido por mí. Y es que veo las cinco gigantescas pinturas -32 metros cuadrados en total- que he perpetrado en este pedacito de vida, y tengo la inquietante sensación de que ha sido otro el hacedor de toda esta jarana de inseminaciones, ángeles caídos, demonios lenguado, cachorros de pelícano, muñecas desmembradas. 


El café y la cerveza: grandes aliados (lo de los tropezones es un asunto personal)
¡Ah, de esta fosilización casera llegó otra idea!

Aún no puedo enseñar nada, pero pronto -¿en marzo?- podremos verlo todos en el espacio para el que ha sido gestado.


(*) Si una vida es tan corta como dicen, podría asegurar que ciento cincuenta días pueden ser tan anchos como una niñez completa. Y como un verano en la infancia puede ser más largo que toda una vida, no me extrañaría que durante este tiempo me pasara como al astronauta que viajó en sueños a la velocidad de la luz, ralentizándose su tiempo mientras se embalaba el ajeno. Ya, ya, sé que esto no me ha sucedido a mí; habría notado algo en las caras y en las vidas de los amigos que han venido y se han ido para volver a venir. Pero sí estoy ya en disposición de asegurar que el tiempo se logra encoger o estirar casi a voluntad, y que las utilidades de esta habilidad no son nada despreciables.

Les contaré más, pero no ahora, que el tiempo vuela si lo nombro.

                                                                                                                                     pedrolezcanojaén