martes, 12 de febrero de 2019

Ascenso a Sedillot


¿Qué mira, que amarillo lleva en la mirada azul 
esa boca donde se descuelga un beso? Lola May.





Ascenso a Sedillot. 130x120 cms. 2017.

En Ascenso a Sedillot rescaté a la chica que quería ser donna de Rafael -es por eso que puse un pequeño unicornio en su regazo en aquel Con Escaleras al Mar-. 

Añadí también un cachorro de pelícano, ¿ven?, asoma ya su rosada cabeza; la menea catando tactos por entre los vaivenes esternocleicos de la rubia que quiso nacer cinco siglos antes.*



Detalle de Con Escaleras al Mar. 130x200 cms. 2017.

*Las dos pinturas se expusieron en la Galería de Arte Magda Lázaro dentro de la serie De Homine Oviparo a finales de 2017.



Con Escaleras al Mar. 130x200 cms. 2017.










domingo, 16 de diciembre de 2018

Tres insignificantes sucesos separados en el tiempo (1/3)


Detalle de El Jardín de las Strelitzias, 170x230, 2018.


1. Mono.

Tengo siete años. La figura de mi padre aparece desde la oscuridad de la entrada con un mono sobre sus hombros. Por su bigote le llamamos Íñigo. En aquella época teníamos en la azotea un modesto palomar. Su matriarca era una vieja paloma de una sola pata. Apenas despegaba su cuerpo del suelo. Comer y descomer era su oficio. Íñigo llevaba una vida razonablemente libre y el día que desapareció no debió sorprender a nadie. Buscamos y gritamos su nombre conociendo el silencio de su respuesta. Nos costó pensar en la azotea. Al llegar arriba, el suelo era un caos de plumas y sangre. 


Detalle de El Jardín de las Strelitzias, 170x230, 2018.

Desde el fondo, entre los bidones, acodado sobre el grifo de mango rojo, nos miraba Íñigo despreocupado, chupando una pata de paloma. Unos años después en esa misma azotea, moría Íñigo por insolación, olvidado al sol por un niño que aún no sabía que se podía llorar con razón.* 


Detalle de El Jardín de las Strelitzias, 170x230, 2018.

*Lo enterramos en un rincón del jardín, junto al drago que se negaba a crecer. Siete años después, un joven Felipe -el foxterrier de mi adolescencia- trajo al sofá de la tele un pequeño trofeo en forma de cráneo. Enseguida reconocimos a Íñigo. Lo regresamos respetuosamente a su lugar, ahora bajo tres pesadas piedras de mar.









martes, 9 de octubre de 2018

Yo también fui hecha con polvo.


A través de la red muestro lo que hago, como el avaro suelta sus monedas. Y no es por tacañería. Desde este taller al norte de la isla redonda, construyo criaturas para tocar. Con los ojos. La fotografía es buena, pero aún sigue siendo mucho lo que se pierde.


Andamiaje casero para sentarnos "sobre su cabeza"
En marcha estaba la segunda versión de Yo también fui hecha con polvo.
(foto de Ana Lola Borreguero)

Diría que si es absurdo pintar para imitar a una fotografía,  deprimente sería que lo pintado pudiera ser perfectamente duplicado por otra.                              


Fragmento de la segunda versión de Yo también fui hecha con polvo, 280x200 cms.
La primera versión pinchar aquí.
(la foto de Manolo Morales)


¡Seguimos!

                                 
                                                                                                                                   pedrolezcanojaén