sábado, 20 de noviembre de 2021
Objetos de Tiempo.
domingo, 21 de marzo de 2021
¿Cuánto pesa una nube? Disección de la memoria.
Me da miedo
volar. Y aun así vuelo. Me vuelan. Penetro sin rechistar en ese puro gigante destinado
a caer. Te amarran, los motores se calientan, tu tronco se aplasta contra el
respaldo y tras el estruendo de siete segundos, atraviesas el colchón de nubes
como si nada. Calma. La gravedad calla, y los motores. Pueden desabrocharse los cinturones, canta la voz sin añadir, el manto de nubes es ahora un extenso
edredón sin funda ni costuras. ¡Fuera miedos: a partir de ahora, las
acrobacias se realizarán con red! (1)
Me interesa la
nube como idea, como símbolo, como metáfora de la memoria. También como
pretexto plástico. La nube es moldeable, difusa, clara, oscura, lo que quieras.
Llena de cosas y sin embargo transparente. Pesada pero traspasable. La verdad, preferiría no leer demasiado
y seguir creyendo que las nubes están habitadas por sapos, arañas, peces y
otras cosas que caerán a la tierra con la misma infrecuencia que los puros gigantes, para
volver a elevarse con los vientos raros de la madrugada.
¿Cuánto pesa una
nube? (2)
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| ¿Cuánto pesa una nube? 120x140 cms. 2019. |
También están las nubes digitales donde todo cabe. Hasta nuestras vidas. Selfies y chascarrillos incluidos. Ya se ofrecen proyectos de inmortalidad a través de la preservación y ordenamiento de nuestros paquetes personales de memoria (3). Inconmensurables archivos de tiempo. De vida. Sueño, frustración y fruslerías.
Imagino esos paquetes, en absoluto rectangulares como suelen ser los paquetes, sino amorfos y permeables como son las nubes de toda la vida. Pero más sucios y revueltos. Una maraña espesa y escabrosa. Mi paquete de memoria será probablemente como el tuyo, un estercolero vivo y despeinado. Como la enredadera del muro de atrás de una casona vieja de campo, que trepa y trepa como yéndose sin querer hasta el borde y quedar cortada su silueta arriba contra el azul.
martes, 1 de diciembre de 2020
Aquelarre Laico, o Noche de Mi-Carême.

"Su llegada fue anunciada oficialmente el 29 de marzo, y como era Mi-carême, además hacía un día soleado y claro, los parisinos inundaban los bulevares con más alegría que de costumbre; se vieron máscaras burlándose del miedo al cólera y a la propia enfermedad en una caricatura deforme y descolorida. Aquella noche los bailes estaban abarrotados, las risas y la gente ahogaban la música más alta. Durante el baile del Chahut aumentó el calor, se engulleron todo tipo de helados y bebidas. De súbito, el más alegre de los arlequines sintió un escalofrío en sus piernas, se quitó la máscara y, para regocijo de los asistentes, reveló su rostro amoratado. Pronto se vio que no era broma; las risas se apagaron, se enviaron coches directamente del baile al Hôtel-Dieu, el Hospital Central, donde morían vestidos con sus trajes de carnaval. Se decía que los muertos habían sido enterrados tan rápido que ni siquiera había dado tiempo a quitarles sus disfraces de rombos; tan alegres como cuando estaban vivos, así yacen ahora en sus tumbas."
Heinrich Heine, (1797-1856). Ich rede von der cholera: ein bericht aus Paris von 1832.



